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Todos vacunados. Y ahora, ¿qué?

Tuvo que pasar más de un año desde el comienzo de la pandemia mundial hasta que la Organización Mundial de la Salud, en 30 abril 2021, confirmó finalmente que la vía aérea era la principal vía de contagio del coronavirus, al igual que otros virus más familiares como influenza (gripe), rinovirus (resfriado), norovirus (gastroenteritis)…


La ventilación _extracción de aire viciado e introducción de aire limpio_ de los locales públicos en general y, las viviendas en particular, ha pasado a cobrar una relevancia clara, reforzando la tendencia pre-pandemia que ya vislumbraba en el aseguramiento de la calidad del aire interior una forma de salud y bienestar personal que debemos incorporar en nuestro día a día, igual que la consabida calidad y variedad de la alimentación, la ergonomía en el puesto de trabajo o el ejercicio físico.


La cuestión es ahora cómo podemos conseguirlo de forma efectiva, tanto en nuestro domicilio como en nuestro centro de trabajo (no solo en la oficina, sino también en espacios donde celebramos eventos), o cuando realizamos actividades fuera del entorno laboral (centros de ocio como teatros o cines; gimnasios y otros centros deportivos; espacios culturales como salas de exposiciones o museos).


Aunque no hay consenso entre las distintas administraciones internacionales que velan por la salud de todos en cuanto a los niveles de concentración de contaminantes y tiempos de exposición a partir de los cuales producen un daño a nuestro organismo, y aunque aún no hay certeza acerca de la inocuidad / toxicidad de muchas sustancias, todas están de acuerdo en que hay que mantenerlos lo más bajo posibles, y todas coinciden en que la ventilación es el arma más poderosa que tenemos a nuestro alcance.


¿Qué parámetros son fundamentales que tengamos en cuenta?


Al margen de los consabidos parámetros de confort, temperatura y humedad relativa, hay ciertos parámetros que nos indican cómo está de contaminado el aire del espacio donde nos encontramos.

El CO2 interior es un buen indicador de la tasa de ventilación, pero no tiene en cuenta parámetros básicos de la CAI como los compuestos orgánicos volátiles (COV) o la materia particulada en suspensión (los famosos aerosoles que sirven de “transporte” de patógenos como virus o bacterias), el ozono, el radón…


Origen de la contaminación en espacios interiores


Las fuentes de contaminación pueden ser externas o internas:


Internas:

- Contaminación microbiológica de los propios sistemas HVAC

- Los contaminantes generados por la actividad que se desarrolla

- Los materiales de construcción, acabados y mobiliario

- Las propias personas


Externas:

- La contaminación atmosférica producida por tráfico rodado o procesos industriales

- Productos utilizados en el mantenimiento de jardines aledaños (pesticidas)

- El propio solar donde se encuentra el edificio (por ejemplo, radón en zonas graníticas)


Como hemos apuntado, el método utilizado para diluir y eliminar los contaminantes de los espacios interiores contaminados es la ventilación; puede realizarse con aire exterior limpio o con aire reciclado convenientemente tratado.


En el ámbito del hogar, medidas sencillas como disponer de un sensor de la calidad del aire que nos indique de forma sencilla cuándo debemos abrir las ventanas para ventilar, es más que suficiente. Y pequeños trucos, como el de dejar la puerta del dormitorio abierta completamente cuando nos vamos a dormir, mejorarán sustancialmente la calidad del aire que respiramos.


En el ámbito de los espacios públicos en general, donde se dispone de ventilación mecánica forzada, la administración sanitaria local ha requerido regularla de modo que se aporte constantemente la mayor cantidad posible de aire del exterior. Ha sido una medida efectiva desde el punto de vista sanitario, aunque ha tirado al traste gran parte de las medidas de ahorro energético de las que disponen los edificios, incrementando el consumo y coste energéticos. Esta situación supone una pérdida de competitividad y alejarnos del cumplimiento de determinados Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030.


Hay multitud de mecanismos que nos permiten tratar el aire recirculado (filtros de partículas, absorción de gases, lámparas germicidas UV-C, precipitación electrostática…), aunque la necesidad urgente de tomar medidas ante la crisis sanitaria unido a, en ocasiones, la falta de criterio y/o asesoramiento, ha hecho que su elección y dimensionamiento no haya sido el requerido para que sean efectivos.


Durante la pandemia, muchas empresas han invertido sumas importantes en incorporarlos en sus instalaciones. Algunas pocas de ellas han verificado la efectividad conseguida, mediante la monitorización continua de la calidad del aire. Otras, desgraciadamente la mayoría, han optado por hacer actos de fe, dando por hecho esa mejoría, sin controlar realmente cómo están las instalaciones donde desarrollan la actividad sus trabajadores y clientes.


¿Qué podemos hacer como personas individuales?


Esos trabajadores y clientes, es decir, nosotros, tenemos que velar por nuestra salud e influir, en la medida de lo posible, en que las empresas y organismos públicos tomen cartas en el asunto. Si premiamos con nuestra elección a aquellos locales públicos (restaurantes, hoteles, espacios de co-working y celebración de eventos…) que aseguran y dan visibilidad de la calidad del aire de sus recintos, invitaremos a la acción a aquellos que aún no consideran prioritario invertir en nuestra salud.


¿Qué podemos hacer como organizaciones?


Muchas empresas son conscientes que más pronto que tarde llegará la regulación. Será obligatoria la monitorización continua de la calidad del aire y se tendrá que dar visibilidad a empleados y clientes. La calidad cuesta, claro, y habrá que invertir. Pero evitar la improvisación, el gasto impulsivo en busca de un sello o una pegatina de dudosa veracidad. Mejor hacerlo de forma planificada y teniendo retornos de dicha inversión vía la eficiencia energética, la diferenciación, la Responsabilidad Social Corporativa y acciones de Marketing que ensalcen nuestro compromiso. ¿Por qué no darle ya la importancia que merece y considerarlo estratégico?

Nuestro consejo: dejar asesorarse, medir de forma continua los parámetros fundamentales, identificar qué mejoras se pueden llevar a cabo, implantarlas, controlar su efectividad y dar visibilidad. Como decía mi abuelo, las cosas bien hechas, bien parecen.

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